domingo, 12 de octubre de 2014

QUE LA FUERZA Y LA VERDAD TE GUÍEN SIEMPRE...


Muy pocos comprenden que el cielo, tierra e infierno son condiciones de la conciencia y no lugares o localidades. 
El cielo, tierra e infierno se interpenetran, ocupando todos el mismo lugar en el mismo tiempo, y el hombre funciona y existe en cualquiera de estos tres estados, con los cuales armoniza según su punto de vista espiritual, intelectual y ético.
Vive en el cielo aquel que realiza el eterno y todo-penetrante poder del bien, y vive para servir a sus semenjantes. Está en el infierno quien ignorante del propósito de la vida, odia y teme y lucha contra ese desconocido poder que modifica sus fines.
Se denomina humano aquel en quien están combinados el gozo del cielo y el temor del infierno.
La vida es una gradual ascensión en la cual el alma se eleva a sí misma del pegajoso cieno terrenal hasta la clara luz del entendimiento.
Manly P. Hall


Cada cual debería sentir qué cosa maravillosa es ser capaz de auxiliar a los que sufren. Hoy todavía somos los peregrinos, los mendicantes, que luchan en la vida buscando la verdad; estamos donde estuvo Gautama en la época de su gran renunciación; ante nosotros, se extienden los dos senderos, el del egoísmo y el de la mortificación, y en medio de ellos se yergue el Señor Buddha, el radiante instructor del Sendero del Medio, quien sabiamente se ubicó entre ambos perjudiciales extremos, practicando el desapego y la moderación. ¡Cuál será entonces nuestra elección!
La Gran Fraternidad Blanca, la Escuela de los Grandes Maestros, actúa sobre el hombre mediante sus semejantes, no por medio de ángeles del cielo y al dedicar nuestra vida al servicio del prójimo es cuando nos convertimos en posibles canales para la transmisión del bien, permitiendo que el poder de la luz haga uso de nosotros.
Cuanto más nos mejoremos a nosotros mismos y más desarrollemos nuestras latentes posibilidades, con aquella divisa y aquel propósito de servicio como pensamiento guía, tanto más próximo habrá de estar el día en que el espíritu del Cristo o del Buda descienda sobre nosotros y, de canales inconscientes, nos convirtamos en vehículos conscientes para la difusión de la verdad entre los hambrientos de ella que hay en el mundo…
Comprendamos que, tal como el Príncipe de la India, debemos llevar nuestro pequeño cuenco de mendicante, pidiendo limosnas eternamente, clamando por guía, fuerza y verdad, y rogando para que podamos recoger en la pequeña copa de nuestra alma, y preservarlas en ella para gloria de Dios, las energías y fuerzas vitales que ahora derrochamos insensatamente en medio de la incertidumbre.
MANLY P. HALL

2 comentarios:

Societat Teosòfica dijo...

Es cierto que saber que podemos auxiliar a quienes lo necesitan es de agradecer, porqué nos hace sentir útiles en el servicio.
La alegría y la paz que sentimos al dar lo mejor que hay dentro de nosotros mismos aunque no esperemos ninguna recompensa por ello, siempre llega, siendo el resultado del amor y gratitud que despertamos en los
demás.
Toda causa produce sus efectos y aunque no lo veamos en esta encarnación es bien seguro que se producirán .

Gracias Marcos

Un fuerte abrazo.

Marta

J. Marcos B. dijo...

Muchas Gracias por tus palabras querida Marta :)

Un fuerte abrazo.